Por: Fredy Ernesto Tovar Montenegro
Opinión
El martes pasado se presentó de nuevo una escena macondiana que supera los límites de la ética, la justicia y el mínimo decoro moral. Los colombianos fuimos testigos de cómo el convicto, exsenador del Centro Democrático Ciro Ramírez, hizo presencia en el Congreso de la Republica, como si la condena emitida contra este personaje por la Corte Suprema de Justicia, al haber robado al erario del DPS fuera una situación de poca monta, como si tuvieran patente de corso para hacer con las leyes de este pais lo que mejor se ajuste a su acomodo y como si la justicia funcionara con excepciones de alta alcurnia.
Este hecho no es ajeno a las prácticas cotidianas de los dirigentes y representantes de ese Partido. Como olvidar la invitación del expresidiario y cabeza suprema cuando dijo: “Les voy a pedir a todos los congresistas que mientras no estén en la cárcel, voten”. Que decir de las intervenciones del procesado Álvaro Hernán Prada, quien hoy ostenta el cargo de Magistrado del C.N.E. y es procesado en el juicio de manipulación de testigos, en consecuencia y solo desde la doble moral, puede ejercer con supuesta transparencia y honestidad, pues es juez y parte en las decisiones de esta institución, no en vano intentó condenar al Presidente Petro abusando de sus alcances como servidor y funcionario público.
Recordemos las sandeces del aboganster de la Espriella cuando afirmó que el derecho no está sujeto a la ética, por ello se ufana de ser abogado y tener un pull de defensores de delincuentes, paramilitares y políticos corruptos, con personajillos de lujo como Papá Pitufo, dentro de sus clientes favoritos.
Dicho lo anterior, y no por ello de menor calado, como olvidar la intervención ovacionada de Salvatore Mancuso en el Congreso, invitado por el gobierno de la seguridad democrática, cuando era comandante declarado de las AUC; o la autoincriminación del expresidiario Uribe cuando descaradamente afirmó que él había dado la orden de la operación Orión en la escombrera de Medellín.
Es tan largo el listado de prácticas corruptas, antidemocráticas y por demás fascistas, como la frase lapidaria en la cara de las madres de Soacha: “… no estarían cogiendo café”.
El reto es demasiado exigente pues se ha entronizado en el imaginario colectivo que ciertas castas de la politiquería colombiana tienen privilegios descarados que no aplican para el rasero común.
No hay otra explicación para que sin tapujo llamen doctores o doctoras a una caterva de falsos caudillos y lideresas que compran votos, que venden cargos, que votan bajo el “tú me elijes yo te elijo”, que entregan contratos a dedo a pesar de la ley 80 y todo el marco jurídico de contratación, que practican el nepotismo, que son condenados y pueden seguirse eligiendo en cuerpo ajeno y que consideran la Política como un emprendimiento familiar.
Es incomprensible como hay sucesos que resultan incongruentes y deplorables en todo el territorio nacional, pero que en el imaginario colectivo se han regularizado y aprobado, incluso con cierta vehemencia.
Como explicar que existen funcionarios públicos con condenas emitidas por altas cortes o por el concejo de estado y siguen campantes por sus despachos, porque tienen asegurada la dilación de la ejecutoria de sus condenas.
Como no argumentar que personajes desconocidos, sacados del cuarto de san alejo, que tienen nexos familiares con caudillos “buenos en política” logren ser elegidos con votaciones altas, sino es a través de la normalizada compra de votos, a partir de maquinarias aceitadas con el dinero de los impuestos.
La polarización Política que estamos sufriendo en esta coyuntura electoral y la invitación que esta condición conlleva, brinda dos caminos evidentes, por deducción lógica el centro se está quedando como la canción de V. Jara: “usted no es na, no es chicha ni limoná”.
Entre otras cosas, la adhesión de Juan Daniel Oviedo o Katherine Miranda a la campaña de Paloma Valencia, quienes posaban de supuestos alfiles del centro político, es simplemente la caída del velo, siempre fueron de derecha, así lo definen sus prácticas. Miopes los que siguen argumentando cualquier tinte de centro a figuras de la farándula politiquera como estos dos. Es fácil dilucidar en donde pararan Claudia López, Fajardo y sus contubernios.
Entonces nos quedan, la vía para darle continuidad a los cambios estructurales que demanda la inequidad social y la injusticia campante, el apostarle a seguir construyendo una revolución ética, una revolución política y una revolución social y económica, o el camino de los rezagos de la Seguridad Democrática garantizando los privilegios y el Statu Quo para los dueños del Poder.
Hemos logrado llegar a un gobierno alternativo con Gustavo Petro, ahora debemos seguir construyendo las reformas para ganar poder real y refundar la ética por lo público con Iván Cepeda.
